sábado, 11 de abril de 2026

LO IRREPETIBLE

La imagen transparente es de una foto que me pertenece,

la imagen del bar es de la web.

Acepto el argumento de que una fotografía representa tan sólo la imagen de una persona, pero de algún modo, y por algún motivo, sentimos la necesidad de perpetuarla.

Aquella noche tuve la visión de un segundo, pero ese segundo pareció extenderse en la penumbra tibia del bar. El recinto poseía lo típico de esos refugios de Buenos Aires, y Ella, sentada a mi lado, brindaba el fruto justo de su juventud madura mientras un saxo adornaba tangos melódicos. Una toma de su rostro me permitiría atrapar lo bello para siempre, no lo dudé: la necesidad de retener lo fugaz me llevó a presionar el disparador.

Ese amor retratado es ahora una figura inmóvil, detenida en aquel instante único, evidencia y sombra al mismo tiempo, ya sin el aroma del café, sin lo sensual de sus gestos. A veces, al mirarla, siento viva su presencia, pero el brillo que vi en sus ojos ya no podrá repetirse.

Tal vez por recordar las utopías de mi juventud no dejo escapar aquellos momentos clave en mi vida amorosa -toda visión nos devuelve algo de nuestra propia historia-. Y mientras vuelvo a mirarla, como si el tiempo se suspendiera allí, observo en plano quieto a esa mujer que amé. Recuerdo que tenía, al hablar, un gesto de incansable sonrisa, y un brillo en los ojos que percibía como de tierras lejanas o, al menos, diferente de lo que hasta el momento de conocerla me había tocado presenciar.

Ocurre que una captura esboza una esquina de la vida en donde se encuentran lo retentivo y el tiempo: el presente inmóvil ya no tiene la inquietud de sus piernas. Sin embargo -a pesar de la aparente melancolía- el ánimo no depende de los conceptos que elaboremos, sino del momento vital que la toma encapsuló. Cada fotografía ilumina su propia ausencia; por el mismo motivo, he archivado una pequeña colección de imágenes en un cajón secreto de mi voluntad. Y allí está Ella, en un sector privilegiado, para desafiar al olvido.

Al reflexionar sobre todo esto, comprendo que una escena fija es un puente entre lo efímero y lo perdurable, un fragmento recortado de la realidad que -aún con su quietud- funciona como motor de la imaginación, capaz de transformar lo estático en vida.

De puro nostálgico, no dejo de recordar aquel momento de bar, café y plenitud. Por eso, cuando aparece ante mí la visión de su melena abrumadora y su figura delicada, encuentro símbolos de lo irrecuperable, chispazos de conciencia que despiertan lo vivido. 

Como porteño escribo así, con el pulso del tango y la noche del barrio. Tal vez por eso busco en una imagen vestigios de lo eterno, de la misma manera en que Ella dejó en mí lo inolvidable de su pelo sobre mi cara.


1 comentario:

  1. Hay personas que no podemos olvidar y solo nos quedan nuestros recuerdos y deseos. Te mando un beso.

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