martes, 31 de marzo de 2026

DEL MISMO ARRABAL

Amo esa lluvia densa, vertical y mansa por falta de viento, vaya a saber por qué. Tal vez por aquella escena del final de mi pubertad cuando, en el umbral de una puerta abierta y con el aguacero detrás, unos labios me atacaron la boca como si también cayeran desde lo alto.

Hay cierta complicidad entre lluvia y beso, no visible, más bien subterránea, que se adivina sólo cuando el silencio se hunde en los charcos y el cuerpo empieza a reconocerse en el temblor del otro.

Así como lo húmedo busca disolverse, ni las gotas ni los labios siguen siendo los mismos después del roce. Porque el agua no consulta donde posarse, y todo beso arrebatado rompe las normas de buena conducta. Ambos paralizan el tiempo, y quedan amarrados.

Cuando se desploma sin viento, la lluvia paraliza la respiración del mundo. Con un primer beso ocurre lo mismo: es esa pausa en la que desaparecen los relojes y la memoria. Así lo sentí aquella vez, como una metáfora de lo atávico, promesa de eternidad breve que se vuelve fantasma.

Entre ambos hay una sintonía como de sociedad secreta, son del mismo arrabal, reunidos por el misterio tocan la piel con entrega. Aunque ninguno puede durar -lo que cae cesa, las bocas se distancian-, hay en ellos algo que se aleja de lo viciado. Sucede, y con eso alcanza. Participan calladamente, borrando la frontera entre lo que llega y lo que espera.

La oscuridad y el ozono fueron la evidencia de haber sido tocado por algo que no podré explicar, pero que dejó metida en mi recuerdo una eternidad pequeña, dulce, como cuando al final del temporal queda el aroma de la tierra y no se olvida.



Y si de amores y lluvia se trata, hay una película argentina emblemática: EL MISMO AMOR, LA MISMA LLUVIA, podés verla haciendo click en su imagen:


martes, 24 de marzo de 2026

DULCE TRAICIÓN

Un aire lento de otoño se metía por la ventana entreabierta, me incomodaba como si quisiera poner a prueba mi estado de ánimo. Aquella tarde no estuve donde debía, me sentí un ingrato al dejar con uno menos a la muchedumbre que combatía las sombras del pasado al compás de tambores y reclamos; como cada año, una vez más, la gente salía a la calle por lo ocurrido varias décadas atrás. Con la mente allí afuera, protagonizaba yo una dulce traición: ausente de mi gente, una mujer ocupaba mi tiempo en ese cuarto.

Oscurecía pronto cuando el fondo sonoro crecía desde la otra realidad mientras el reloj devoraba horas y se llevaba lo que quería eterno. Sintiéndome contradictorio mi mente volaba tras el ritmo percutido en el momento en que Ella, ajena a mis pensamientos, pedía mi regreso.

La miré, mi pulso se confundía con el rumor de la calle. Agitado por el eco de innumerables voces observé que, envuelta en la penumbra, acariciaba el espacio vacío de la sábana, invitándome, una vez más, a volver. De nuevo la incómoda sensación de haber elegido el placer en vez del reclamo por el dolor ocasionado a un pueblo.

Crecía el redoblar de los tambores al tiempo que sus ojos exigían mi calor. Decidí volver a su lado. La multitud en marcha atravesaba mi percepción, pero no pudo impedir que me hundiera en su cuerpo abierto -con el tiempo he aceptado esa traición-. Aún me queda la vivencia de cuando se fundían en ese encuentro el recuerdo de los caídos y su piel tierna, la culpa y el placer, el fantasma del miedo y lo real de su silencio agitado.

Nota: Un 24 de marzo comenzó en Argentina, apoyado por el mundo empresarial, el régimen conocido como Dictadura Militar, que trajo terror y miseria a nuestro pueblo. Hoy seguimos repitiendo: NUNCA MÁS.

La canción que comparto pertenece a un cantautor de fuerte identidad argentina cuyo estilo creativo se caracteriza por una fusión del rock nacional con el folclore de nuestro país y una fuerte impronta de canción social y de protesta.

"La memoria", por León Gieco


jueves, 12 de marzo de 2026

FILETEADO PORTEÑO

Obra de Alfredo Ferrer

Al mirar esta pintura escucho rumores que me llegan desde décadas pasadas, es como si me hablara y me dijera que ha sido creada desde mí, desde mis ancestros. Si me reconozco en ella es porque fue hecha con los mismos materiales que esta ciudad me hizo.

Cada detalle en esta pintura es un afable reflejo de cómo hablo, de mis gestos, de mi manera de recorrer Buenos Aires. No es algo decorativo lo que veo, sino una consecuencia inevitable de la manera de ser del porteño; sus volutas, cintas y frases son metáforas de los rasgos de mi carácter, de mi gente.

Hay en este filete una mezcla de bar y de teatro, de orgullo y de utopía, de furia, de melancolía, de filosofía barrial… es la forma que encontramos de ser hasta que nuestra esencia se materializó en pintura. Entre sus líneas y sus colores puede descubrirse el alma de nuestra ciudad.

No se trata de contradicciones con la modernidad, porque al mirarlo siento que recorro el camino de mis venas en dirección a lo que fui, desde mis padres y mis abuelos cuando se abrazaban al ritmo de un tango.

La presencia de esta pintura deja reflejos en el espejo de mí mismo. Me reconozco, no es posible ser un producto diferente al lugar donde se nació.

Nota: El Filete -o Fileteado- Porteño se diferencia creativa y culturalmente de otras artes del mundo porque nace como ornamento callejero en los vehículos y funciona como una autobiografía visual de la ciudad. 

Es un arte integral en el que se combina texto, marcos, volutas, flores y símbolos. El exceso de ornamento es parte de la estética aplicada para llenar el espacio con ritmo y simetría. Aquí comparto dos obras de reconocidos fileteadores, la primera pertenece a Jorge Muscia y la segunda a Martiniano Arce:


TRES EDADES DE UN LOBO

ESTE RELATO ES UNA ALEGORÍA: REPRESENTA LA VIDA DE UN HOMBRE Y EL ENCUENTRO EN SU MADUREZ CON UNA MUJER JOVEN 1 En la inquietud de mis prime...