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jueves, 30 de abril de 2026

TRES EDADES DE UN LOBO

Imagen digital por Valdo Saenz Moulin

ESTE RELATO ES UNA ALEGORÍA: REPRESENTA LA VIDA DE UN HOMBRE

Y EL ENCUENTRO EN SU MADUREZ CON UN AMOR JOVEN

1

En la inquietud de mis primeros años intenté parecerme a los más expertos de la manada. Me dejaba llevar, dócil, hacia los montes, como si a las carencias pudiera disimularlas en cada acto repetido. Bajo ese aprendizaje latía una pulsión antigua, que no encontraba su cauce.

Eso ancestral, de fuerza milenaria, temblaba en mi esencia buscando dónde morder, como si una claridad remota estableciera su mandato. Una tarde me sumé a la cacería de rutina, sentí la sangre subir al ver una presa, algo en mí se quebró, y quedé expuesto ante los machos. La presa huyó, también yo, pero hacia adentro.

Sentí, entonces, la necesidad de escapar de un cuerpo que, aun siendo propio, parecía no responder a tanta pluralidad de impulsos. Y comenzó la etapa de vivir como el instinto lo exigía, arrebatado, enemistado con voces que ya no tenían entidad.

Fue así que el reclamo interior no tardó en surgir, poderosamente. Intenté manejar el tiempo, porque lo atávico no acepta el giro del sol, y lo nuevo circuló por dentro, irrefrenable, arrasando costumbres instaladas por tradición en mi mente joven.

Por momentos caía víctima de algún choque emocional, lloré, callé. Pero el olfato me daba alguna pista nueva tras la cual correr, el poder de lo heredado se mantenía vivo en mis venas. La manada no veía la transformación que en mí se operaba. Partí, regresé. Combatí. Gané, perdí... En cada regreso un impulso me obligaba a mirar hacia arriba, a la espera de una señal que no llegaba.

2

Mi caudal interior aminoró su marcha y desembocó en el lago manso de lo frecuente, dio una última evaporación que luego fue lluvia, y escampó. La brisa que devino dejó suaves mareas sobre mi costa adulta, fundé una manada, y volví a lo cotidiano. Recuperé viejas enseñanzas y me hice un poco más sabio, pero algo en las noches más quietas persistía allí arriba, un vacío sin forma, que no lograba descifrar.

Ese ámbito que ofrecía subsistencia carecía de un centro energético donde nutrir los pensamientos, y percibí un enlace del pasado con el presente en un renovado deseo de perpetuidad. La sangre se mantuvo en su ritmo genuino, sometiendo los sentidos a la marea de la vida, doblegándome ante ella como junco solitario. Y fue en esa aparente calma donde comencé a extraviarme sin ruido: mis ayeres mutaron en un solo y único ahora; vagué perdido entre árboles añosos que me reclamaban, bebí de arroyos amargos, perdí pelaje en riñas con rivales más poderosos y me lamí las heridas solo, oculto en la oscuridad más profunda…

3

Pasaron mil noches. Y cuando nada esperaba, sentí una puntada en los ojos: al final de un sendero una tonalidad diferente me cautivó. Penetré en el claro como en un lugar sagrado, todo allí era dominado por un resplandor que desconocía. Por primera vez levanté hacia el cielo nocturno ojos nuevos, alucinados, para descubrirte, única, como la redondez de un sueño.

Y al verte recordé el error de haber asistido a otros llamados en torpes encuentros de carne ajena, alimentándome mal, sin descubrir que la chispa de tu esencia allí existía, desde el tiempo en que las mareas te siguen el paso. No me había preparado para verte en todo tu esplendor, pero aquí estoy, con la piel gastada y los caminos transpirados; con los misterios asumidos y las ganas puestas.

Mientras tu pulso femenino dance en ciclo lento por encima del bosque de mi mente, intentaré comprender aquello que no es religión sino destreza: tu paso por el cielo de mis años deja señales de lo perpetuo. Estoy aprendiendo a conocer la grafía perlada de tu rotación, atrayente y vestida de soledad.

Al borde de mis días, te he encontrado.

Vanidoso mi ego aúlla, lobo soy y tengo luna.

Nota: una "alegoría" es un relato que cuenta una cosa, pero en realidad está hablando de otra; la siguiente canción en realidad no habla de una historia amorosa literal, sino que usa una relación para representar algo más amplio: la incomunicación y la dificultad de ser comprendido.

"Seminare"

Por David Lebón y la orquesta filarmónica de Mendoza

Invitados: Lisandro Aristimuño y Mateo Sujatovich

Autor y compositor: Charly García


martes, 24 de marzo de 2026

DULCE TRAICIÓN

Imagen digital por Valdo Saenz Moulin

Un aire lento de otoño se metía por la ventana entreabierta, me incomodaba como si quisiera poner a prueba mi estado de ánimo. Aquella tarde no estuve donde debía, me sentí un ingrato al dejar con uno menos a la muchedumbre que combatía las sombras del pasado al compás de tambores y reclamos; como cada año, una vez más, la gente salía a la calle por lo ocurrido varias décadas atrás. Con la mente allí afuera, protagonizaba yo una dulce traición: ausente de mi gente, una mujer ocupaba mi tiempo en ese cuarto.

Oscurecía pronto cuando el fondo sonoro crecía desde la otra realidad mientras el reloj devoraba horas y se llevaba lo que quería eterno. Sintiéndome contradictorio mi mente volaba tras el ritmo percutido en el momento en que Ella, ajena a mis pensamientos, pedía mi regreso.

La miré, mi pulso se confundía con el rumor de la calle. Agitado por el eco de innumerables voces observé que, envuelta en la penumbra, acariciaba el espacio vacío de la sábana, invitándome, una vez más, a volver. De nuevo la incómoda sensación de haber elegido el placer en vez del reclamo por el dolor ocasionado a un pueblo.

Crecía el redoblar de los tambores al tiempo que sus ojos exigían mi calor. Decidí volver a su lado. La multitud en marcha atravesaba mi percepción, pero no pudo impedir que me hundiera en su cuerpo abierto -con el tiempo he aceptado esa traición-. Aún me queda la vivencia de cuando se fundían en ese encuentro el recuerdo de los caídos y su piel tierna, la culpa y el placer, el fantasma del miedo y lo real de su silencio agitado.

Nota: Un 24 de marzo comenzó en Argentina, apoyado por el mundo empresarial, el régimen conocido como Dictadura Militar, que trajo terror y miseria a nuestro pueblo. Hoy seguimos repitiendo: NUNCA MÁS.

La canción que comparto pertenece a un cantautor de fuerte identidad argentina cuyo estilo creativo se caracteriza por una fusión del rock nacional con el folclore de nuestro país y una fuerte impronta de canción social y de protesta.

"La memoria", por León Gieco


INTERMEDIO Nº 1 (Oración del remanso)

Imagen digital por Valdo Saenz Moulin La orilla de este río, el que bordea mi Buenos Aires, recibe el marrón profundo de una corriente que...