domingo, 14 de junio de 2026

EL SECRETO DE ESE GESTO

(UNA FÁBULA METAFÍSICA JUNTO A MI CAFÉ)

En un instante ajeno al fluir del tiempo, desde el otro lado de la mesa del bar, ella me sonríe. Yo, ladrón de utopías con quimera de chiquezas, percibo el secreto de ese gesto, que no es sólo belleza, sino una forma acabada. Pienso en lo que perdura luego de la arena que fue roca, que fue lava y ya no es, como si algo en ese devenir hubiera quedado trunco, una torpeza antigua sin corregir.

Hubo un tiempo en que los artífices de todo lo existente dudaron de las bondades de un pan caliente al amanecer, de la fragancia de los patios añosos y, hartos ya de tanto hombre doliente, dispusieron con prepotencia celestial un nuevo júbilo, para lo cual convocaron a tres entes de los suburbios cósmicos.

Una vez reunidos, comenzaron a maquinar una mejor dimensión de la felicidad, con la seguridad de que aquello debería quedar dibujado entre los labios. En la mañana universal, con ojeras estelares mil años antes del ayer, iniciaron su obra: un detalle mínimo, capaz de alterar el peso de la existencia, una curva nacida del encuentro entre la claridad y la carne.

Pero lo creado no tuvo el efecto deseado en lo inmediato. Así ese intento transitó edades y nacimientos, germinando de mujer en mujer. Cada aparición corregía el gesto anterior… 

Hasta ahora.

Ahora -cuando advierto que la línea de su boca no necesita perfección sino que la contiene- mi mirada se vuelve testigo de su concreción.

Al comprender los creadores que, al menos una cosa había llegado a su justo nivel, abandonaron la empresa: no sería posible realizar algo mejor. Puedo entonces confirmar que el universo resulta inconcluso: a pesar de esta maravilla depositada, por fin, en la hora del nacimiento de esta mujer, el alma de los humanos aún soporta vacíos.

Acá, donde mi vista se junta con el brillo surgido desde su boca, me pregunto qué hada galopa sobre mi voluntad al ver ese acto que, sin intención, dejó centellas en el revés de mi trama. Ella, ajena a mis pensamientos, no sabe que seres como yo existen por su luminosidad.

Tal vez sea el tiempo un goteo impuro de la memoria.

Aunque ese instante mantenga su gesto vivo en mí, los minutos seguirán su curso. Sin embargo, en el aire permanecerá un indicio para recordarme que lo leve puede modificar la vida diaria. En ella la luz quedará, custodiada por guardianes celestes, a la espera de que otros creadores más valientes intenten un mejor universo según el modelo de su sonrisa, y puedan, de una vez, concluirlo.

...

Nota: la palabra chiquezas es una ocurrencia mía, lo opuesto a grandezas.

EL SECRETO DE ESE GESTO

(UNA FÁBULA METAFÍSICA JUNTO A MI CAFÉ) En un instante ajeno al fluir del tiempo, desde el otro lado de la mesa del bar, ella me sonrí...