"No parece responder a una lógica del azar
que la figura de la mujer que baila tango
posea tal belleza en
su corporalidad.
Debe haber en ello alguna forma de misterio”.
Valdo Saenz Moulin
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Tu taconeo, fémino y tanguero, parte la
penumbra en dos. Algo en él arrastra un rasgo de fatalidad con tardía certeza.
En el más acá de los licores -que no
embriagan, sino revelan- tu sombra duplica el hechizo y me golpea las ganas, en
ese lugar del cuerpo donde nacen las dudas.
¡Qué otra cosa puedo hacer más que
permitir el galope de mis deseos en ancas de tu silueta! Y yo, que siempre dudé
de las victorias fáciles, me quedo con lo imposible, que ya es algo.
¿Nacerá el día desde el contrapunto de
tus pies, o esto es otro truco de tus vueltas? Mi noche ya se instaló sin pedir
permiso y urge cafés, para batir en el pocillo del desvelo.
Tu estampa es mi tango y el relato que
me invento. Esta nostalgia de futuro se abre paso en lo poco que me queda
intacto.
Me siento tiempo aferrado a los
pliegues de tu pollera como polvo de ciudad. Sólo pido que las curvas de tu
cuerpo sean incansables -ellas imponen historias, las arman y, por natural
capricho, las vuelven a desarmar-.
Ese diálogo en danza, entre el aire y
la carne, reclama el rito menor de la observación, con perfume a madrugada por
llegar.
Porque mi utopía ya se hartó de abrirse
como bandoneón cansado, detengo mis fantasías como se detiene cualquier hombre
al ser mirado de verdad.
Y si la ausencia llega -porque siempre llega-, que al menos conserve tu forma, entre delicada y procaz, ahí donde habita el nudo que no cede, hasta desabrocharme los sueños.
Nota: Aquí aparece la figura de la mujer que baila tango desde la mirada del hombre que la contempla. Aunque en otro relato vuelvo a esa figura, lo hago en forma de relato mítico contando su origen cosmogónico (ver Fuego lento).
Bailan: Mariana Montes y Sebastián Arce
Tango: Esta noche de luna
Música: José García y Graciano Gómez
Letra: Héctor Marcó
Orquesta: Osvaldo Pugliese
Canta: Jorge Maciel


