miércoles, 8 de julio de 2026

UN ABISMO GRATO

 
Imagen digital por Valdo Saenz Moulin

(MEMORABILIA AFECTIVA CON LICOR DE CAFÉ)

A veces, en la penumbra, con la luna en mi ventana y un licor sobre la mesa, mientras insiste la memoria, repaso los detalles de sus gestos, esos que recorta mi mente hasta darle la forma más cercana a su rostro, tal como era al sonreír a una distancia mínima del mío.

De ser cierto que la nostalgia encierra algo de tristeza, lo que siento es otra cosa, porque recordarla me alimenta, de la misma manera que nos alimentamos al dormir: el cuerpo sabe lo que hace.

Al verla por primera vez, noté que sus pies se deslizaban como guiados por un acto de magia. Fue entonces cuando me aparté de las reglas del mundo —porque no influyen en los momentos cumbres de la existencia—; me importó el arte de domar un sentimiento.

Aún hoy me sorprende cómo un primer encuentro puede alterar la arquitectura de una vida. Ella, tan sólo con su presencia, me arrastraba hacia los secretos lugares de lo inevitable: arrebatos insolentes me invadían ante una mujer con tal capacidad de seducción.

La luna se mantiene inmóvil allí afuera, como si esperara que mi evocación continúe. Le doy el gusto.

Había un instante, siempre anterior a toda cercanía, en que me bastaba saberla próxima. Nada reclamaba todavía el derecho de las manos; ciertos encuentros empiezan mucho antes de que los cuerpos se atrevan a confirmarlos. En ese umbral permanecía, suspendido entre la espera y el asombro, mientras el tiempo parecía olvidar su oficio de avanzar.

En el vaivén de imágenes que impone mi nocturnería, atraviesa la penumbra el caballo alado de mi pensamiento, para llevarme al momento en que sus caderas latieron por vez primera bajo mis manos, una a cada lado de mi existencia. Era el pulso de la vida lo que me fluía por los dedos, mientras el ocaso rugía en la calle sus motores, y la oscuridad se anunciaba con la llegada de otra luna.

Ya con mi copa vacía, vuelvo a la visión de su boca, que me recibió en abismo grato; y a lo tierno de sus días, donde me hundí sin medida. El recuerdo galopa por mi piel, con el rumor de aquellos días y la sensación de que todo lo que creció en mí lo hizo convertido en una forma de destino.

Levanto la vista: la luna sigue fija en la ventana. Tengo la sensación de que nada en el universo se ha movido, salvo el tiempo que consumí navegando por sus verdes ojos, por sus piernas.

Ella llegó a mi mundo desde una esquina del universo, para barrer el polvo dormido que mi piel solía acumular, allí donde los sueños se juntan con la nada.

La copa, ya sin licor, parece conservar un resto tibio de aquello que ya no vuelve. Algo de esta noche sostiene intacta la ausencia, como si su penumbra también tuviera memoria.

¿Cómo no recordarla, si así nací para siempre y morí para nunca?


GLOSARIO UTÓPICO

Nocturnería: Conjunto de experiencias, emociones, pensamientos y atmósferas propias de la noche. Es todo lo que la noche convoca: la memoria, la contemplación, el deseo, el silencio, la escritura, las confidencias consigo mismo. Se trata de una neología poética.

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