![]() |
| Imagen virtual por Valdo Saenz Moulin |
La
puerta de la habitación se abrió lentamente y entró.
Pelo
oscuro, piel trigueña, estatura mediana, ojos negros en brillo contra
el velador, algún kilo de más pero bien repartido por sus rincones, y muy
femenina. Nada de eso revelaba todavía cuál era su mejor virtud estética.
Suele
ocurrir, en el momento justo de conseguir lo esperado, que se presenten los
temores. Pero no me pasó en su presencia: su firme sonrisa al entrar —que otro
día comprendería en su totalidad— hizo que mi seguridad nunca se extraviara.
Habíamos
quedado en que ella entraría sin llamar a la casa. Y así fue. Es en ese
instante todavía inminente que la media luz real despliega una especie de
creatividad, desde la cual emerge como en fantasía el rostro de una mujer.
Puede que afuera, en lo urbano, se movilicen miles de seres entre disputas y
regocijos; pero esa clase de aparición, hechicera, deja la escena aislada del
mundo.
La
fina lluvia repiqueteaba irregular en la ventana con el recuerdo de otra
lluvia, la del día que nos conocimos. Fue ella quien ofreció la promesa de un
acercamiento. Y cumplió, pero no todo en ella era desvergonzado.
No
compartimos muchas charlas. Duró poco nuestra relación: conocernos, apenas tres
encuentros amatorios y, finalmente, distanciarnos con naturalidad.
En
ese poco que conversamos disfruté de su particular humor. Como cuando le
pregunté con fingida seriedad:
-¿Te
casarías conmigo?-.
-No.
-¿Por
qué no?
-Porque
no.
-Dame
tres razones.
-No,
no… y no- dijo en cuenta lenta con sus dedos. Hábil respuesta al juego que le
había propuesto.
Y
allí estábamos, ella entrando hacia nuestro primer encuentro íntimo y yo
estirando mi mano para invitarla a la cercanía, sin dejar de sentir el vértigo
que produce ese acto justo cuando se presenta un abismo a pesar de la corta
distancia.
Desde
ese primer encuentro percibí que me observaba de tal manera, como si estudiara
algo de mí. En el segundo volvió a hacerlo.
Fue
en el último cuando comprendí lo que había estado buscando con aquellas
miradas. Durante el acto se detuvo satisfecha, y con una mueca leve en sus
labios, acompañada de una mirada penetrante, sonriente, me preguntó:
-Así
es como te gusta, ¿no?
Su
búsqueda tuvo el objetivo de saber cuál de sus actitudes generaba en mí el
mayor placer. Supo cómo encontrarlo y, en el momento exacto de su logro, lo
confirmó con jactancia.
Creo
no equivocarme si digo que todo acto humano, en lo íntimo del amor, contiene
una creación estética. Al menos a mí, aquel gesto de descubrimiento me pareció
una obra. Obra que comenzó con un lento abrir de puerta, un rostro luminoso y
gotas de lluvia en el cristal.
…
GRACIAS POR LEER


Una maravilla Valdo. El encuentro en mi opinión tiene una atmósfera íntima, sensual y misteriosa, lo cual es un acierto. Como si quisiera convertirse en una reflexión sobre la mirada, el deseo y la estética de lo vivido.
ResponderBorrarEl inicio me ha resultado casi cinematográfico visualmente: la puerta que se abre lentamente, la media luz, la lluvia en el cristal y el rostro que emerge casi como una aparición.
Y el diálogo del matrimonio tiene ese punto de humor y complicidad que atrae. Y el «No, no… y no» acompañado por los dedos me resultó divertido.
Además algunas expresiones como; «algún kilo de más pero bien repartido por sus rincones» personalmente tiene un fuerte potencial.
Un placer pasar a leerte.
Un abrazo
Así es Nuria, siempre busco una estética en lo vivido, el placer como único fin es algo que se evapora fácilmente.
BorrarMe alegra que te haya gustado y me dejes tan buenas conclusiones.
Un placer recibir tu visita.
Abrazo va.
Muito lindo,Valdo e no amor que conseguiu acontecer mesmo após os três nãos, a cumplicidade é importante e saber dar e receber...
ResponderBorrarabraço,chica
Me gustó tu comentario chica, gracias.
BorrarAbrazo también.
Hay encuentros. que nos marcan aunque solo sean pocos. Tal vez como acabo tan de repente como empezó es lo que te pone melancólico. Te mando un beso.
ResponderBorrarHola Citu, no, nada de nostalgia, lo recuerdo como algo bello y nada más, con alegría de haberlo vivido.
BorrarOtro beso.
Valdo querido amigo, un relato hermoso, sensual, atrevido y lleno de ternura y complicidad.
ResponderBorrarHay veces que lo que dura poco nos queda marcado en nuestro recuerdos y revivimos esos instantes de entrega cuando vemos caer la lluvia repiqueteando por la ventana.
Me encantan tus relatos, son amorosos.
Besitos y te dejo todo mi cariño
Muy bonito tu comentario, querida amiga, poético.
BorrarSiempre es grato recibir tu visita.
Besos también para vos.
Valdo...I like your writing, your intimacy.
ResponderBorrarKiss, Andreja!
Otro beso para vos, Modrina.
BorrarDescubrir y descubrirse, todo un arte, un abrazo Valdo!
ResponderBorrarMuy preciso y certero tu comentario.
BorrarGracias maría cristina.
Valdo, desde la experiencia de tu presente miras en perspectiva el pasado y lo analizas...Ello conlleva cierta nostalgia, sin duda, cuando hubo sentimientos... Pero también es una forma de reafirmarse, para dar sentido a la propia historia y entender quienes somos, tratando de embellecer y dulcificar los recuerdos para sentirnos bien con la vida vivida...Todo ello se cumple en tu relato, amigo...Mi felicitación.
ResponderBorrarAnalizas esta experiencia, que sigue viva, desde tu ego (que lo tenemos todos) y te reafirmas en ella, buscando en el placer la belleza estética(la observación de ambos, el misterio de la puerta, el rostro luminoso y la lluvia), que da sentido a tu historia y te hace sentir bien con lo vivido...Escribir nos hace bien a todos cuando conseguidos el equilibrio y la paz que necesitamos...o no? Espero que si...!
Esta vez sólo te hablo desde la lógica y madurez...y te dejo mi abrazo entrañable y mi ánimo, compañero de letras.
Amiga, vivo de recuerdos, siempre sentí que somos lo que fuimos.
BorrarTus palabras siempre acertadas y motivadoras, sin dudas una gran amiga bloguera.
Gracias Ma Jesús, ahí va mi cálido abrazo.
Tan solo tres encuentros le fue suficiente para dar con la clave de su placer.
ResponderBorrarHay relaciones que no se miden por el espacio de tiempo vivido, sino la intensidad de lo vivido.
Un abrazo, feliz tarde.
Gracias Campirela por tu buen comentario.
BorrarAbrazo cordial.
Que buen cuento. hay amores así, tres encuentros y un recuerdo para toda la vida.
ResponderBorrarMuy bueno.
Hola mariarosa, gracias por tu visita y tus palabras.
BorrarUn abrazo.
¡Cuanta importancia tiene la escena en los recuerdos!
ResponderBorrarEsas tres razones me han hecho sonreír durante un buen rato. ;-)
Aferradetes, Valdo.
Me quedé con los tres no: poderosas razones, a mi entender.
ResponderBorrarSaludos
Valdo, gracias por tu comentario, eres muy dulce.
ResponderBorrar❤️Besitos y te dejo todo mi cariño querido amigo