Me declaro fabricante de recuerdos.
El presente es una ilusión que, apenas transcurrida una fracción de segundo, ya es pasado.
Bebo este café. Me gustan los rayos de sol cuando
ruedan por el empedrado. Oigo una melodía. Miro una mujer que se sabe mirada
por mí. Segundos más tarde, de la bebida queda apenas su sabor; del sol, una
fina línea en el horizonte; de la canción, su silencio; de la mujer, la
sensación de haber existido para ella durante un breve tiempo.
Elijo lo que perdura, rescato sus
huellas. Creo que saber combinar los recuerdos, es arte.
Disfruto de la experiencia mientras ocurre, pero también de
lo que queda de ella. Quizás las cosas no se presenten en el recuerdo tal como
fueron; me importa que esa porción de vida conserve su intensidad.
Del otro lado del ventanal de este bar, pasa una mujer de
estilizadas piernas. Su figura me acompañará cuando haya desaparecido de mi
vista; la calle seguirá con sus asuntos y yo continuaré aquí, con mi café.
Pienso en todo aquello que me gratifica: la sonrisa de mi
hijo bebé, los juegos compartidos en invierno, la respiración de las mujeres
que amé sobre mi pecho, la alegría de aquella perrita en cada regreso mío, las
partidas de ajedrez con mi padre. Realidades que se fueron disolviendo, pero
que todavía me pertenecen.
El futuro no
existe, o tal vez sea una trampa para desviarnos. Lo que deseo puede sobrevenir
o no, pero para que ocurra debo prepararlo durante esos instantes que no dejan
de escurrirse. Cuando suceda será presente, y más tarde algo para recordar.
De pronto, recupero lo que alguna vez hallé: un llamador de
recuerdos. Toda sensación presente puede convocar otra que parecía haberse
perdido.
Por eso bebo otro café, para que su sabor me devuelva la imagen sonriente de quien fue imprescindible en mi formación. Me basta con que algo de su presencia permanezca, que la emoción no se extinga.
Así fabrico recuerdos.
Esto que vuelco al papel también será recordado. No sólo lo
que está en mi mente, sino este instante preciso: el sabor del café, la mesa
del bar, la luz que se desplaza.
Esta manera de fabricarlos acaso sea simplemente una manía
personal.
Quizás alguien me pregunte:
—¿Y con los momentos tristes? ¿Qué hay que hacer?
¿Momentos tristes? Para ellos fabrico olvidos.



