viernes, 21 de agosto de 2026

TRILOGÍA DE LA PENUMBRA

1

Al final de mi niñez pasó por la vereda de mi casa un viejo rotoso. Al verme se detuvo, acercó su cara a mi oído y murmuró con jerga bien porteña:

—Che pibe, andá sabiendo que los brujos de este barrio hechizaron un lugar. Cuando cae la noche, el que pasa por ahí cambia para siempre. Nadie sabe dónde carajo queda. Cuidáte.

Un loco, pensé.

Pasaron los años, aprendí un oficio y me enamoré de una nueva vecina, morocha, de melena fatal. También le gusté. Y empezamos a salir.

Un atardecer me invitó a su casa y allí conocí, entre masas, licores y café, a su padre. Cuando oscureció decidí irme. Justo antes de la puerta de calle —en la penumbra del zaguán— ella me retuvo. Se inclinó hacia mí y su boca hizo el resto.

Al salir, lo diferente habitaba mi mente: la calle era la misma, pero yo no. Viejo loco, tenías razón, murmuré.

Pasaron los meses. Aquella noche siguió rondándome. Decidí algo: abandonar mi profesión y dedicarme al arte.

El embrujo de un zaguán puede cambiar un destino.

2

No sé desde qué abismo le diste curso a tu curiosidad: me preguntás qué me pasa cuando me das placer.

Me sumerjo en un mar de nada y al tocar mi centro me imponés un rumbo que comienza a elevarme.

Tu acto es una capa que me envuelve, que me protege de las miserias. Asombra lo que puede tu tibieza, que me habla de otra manera, silenciosa pero tenaz. No le temo a ninguna magia infernal.

Siento que desde las profundidades surjo como pez sediento de aire, repto por la costa, me nacen piernas y camino. Me brotan manos ante los ojos, y araño montañas al trepar. Y me descubro en avance imparable. Me siento un hombre en el extremo de una cuerda tensa que me arrastra, inevitable. Ya con alas me elevo, y consciente de un próximo final exploto en supernova y se fragmenta mi Yo. Algo me lleva hacia un agujero negro, y al cruzar al otro lado descubro que la fuerza de arrastre es tu boca. Aferrándome a la pared abro mis ojos, tiemblo lento, cedo tensión y, extenuado, te miro.

Vos, la penumbra. Y el universo de tu zaguán.

3

A veces pienso que con la intimidad algo se revela. Y ocurre que los misterios son así, una manera de estar en el mundo.

En su momento pensé que ella me daba todo lo que podía dar, pero hay cosas que conservan una región que no pertenece a nadie más. Aquella noche era suya, y alguna vez comprendí que amar no es conquistar.

La penumbra del zaguán fue eso: un lugar que habité por un momento sin saber si estaba llegando o yéndome; acaso ella también era ese espacio de transición. Tan solo una cercanía que no prometió permanencia.

Nuestra relación duró lo que esa oscuridad mantuvo viva en el pulso de los días y de las venas. Porque uno no entra por la puerta principal en la vida de una mujer: se queda en esa franja indecisa entre la calle y la casa.

Por entonces solía creer que una mínima distancia con el cuerpo de ella bastaba para entrar en su historia. Después descubrí que no.

Lo que hoy me importa es que allí aprendí que amar —o desear— no consiste en descifrar al otro como si fuera un enigma de novela. Aquella intimidad tuvo un resto que no me pertenecía.

Acaso en eso está la persistencia de lo vivido: no lo que me permitió sentir, sino lo que aún queda oculto. El recuerdo alcanza para dibujar su rostro impecable, con sus ojos verde mar, con su piel de luna y esa serenidad en sus gestos que no admitía dudas. Pero todo pertenecía a una mujer que nunca terminé de conocer.

A la distancia, su tibieza sigue reteniéndome desde aquella penumbra. Tal vez porque mi memoria quedó ligada al arquetipo del placer, simbolizado por su zaguán.

NOTA: Algunas veces me han preguntado si mis relatos son reales. Sí, lo son. Pero para que tengan valor literario es necesario incluir algún dato que los beneficie. En este caso, ya que lo del viejo parece fantasía, puedo agregar -para los curiosos- que no fue un viejo en mi vida real, fue un vecino que, por bromear, me dijo "te andás metiendo por todos lados, cuidado que en este barrio hay un lugar embrujado". Y cada vez que en mi vida cambiaba algo, me acordaba de eso. Gracias por leer.

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