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| Edición digital por Valdo Saenz Moulin |
Ella tiene en sus genes rasgos
de este sur del mundo, y ese tipo de piel que se ampara en el atardecer. Su
mirada joven me habla de pueblos milenarios, y sus manos suaves, de abuelas
guardianas.
Esto percibo mientras la noche
nos encuentra en el banco de una plaza y la brisa nos descubre entre besos
urgentes, que entonan hola y adiós al
unísono.
Hay quienes se besan luego de
una historia antigua, lo nuestro sucede ahora. Tal vez por eso nuestras
caricias tienen la intensidad de lo irrepetible. Nos conocimos ayer y pronto
partiré.
—No vas a volver —me dice, interrumpiendo un beso—.
Sos de la capital y allá te quedarás.
Viajar cuando se es joven
tiene su precio, a los veinticuatro años se corre el riesgo de conocer, a mil
kilómetros de casa, una chica de la cual enamorarse. Por ser dueña de esa
belleza típica de los pueblos originarios, cuyas raíces también corren por mi
sangre, no me resulta difícil enamorarme. Sin embargo cada beso nuevo comienza
a decir otras cosas.
Al besarla un murmullo antiguo
se me presenta, como si arrayanes y pehuenes ya supieran de mí aquello que recién
ahora incita mi lado atávico. En su boca adivino, sin necesidad de palabras,
que algo me habita desde mucho antes.
Es un malón de imágenes que me
llega sin aviso, una señal de la memoria que me atrapa, una cuerda tensa
sacudida por dos vientos: mis abuelos nativos en lucha feroz con mis abuelos
españoles.
Sus labios insisten en recordarme de dónde vengo.
Una inquietud remota tiembla dentro mío antes de que pueda madurarla. Tal vez por eso el fuego y la
montaña me conmueven; quizás sea un reclamo ancestral.
Mientras estos besos se
prolongan, la noche avanza de otra manera. Algo se acomoda dentro mío, como si
volviera a casa luego de siglos. Y, por un instante, me ocurre lo inesperado:
ya dejo de preguntarme quién soy, simplemente vuelo sin volar hacia los siglos
que me precedieron.
Recupero así una memoria que
no heredé de las palabras, un latido que no había sentido mío pero que ahora me
golpea en el pecho cuando veo las cumbres heladas, cuando me adentro en un
bosque, cuando la beso… como ahora.
No son sólo besos, tampoco lo
que me contaron las leyendas. Es aquello que me llega, como si en alguna curva
de mis venas alguien despertara por ella, por su carne y su geografía anterior
a los mapas.
Siento en su cuerpo algo de
raíz y otro algo de horizonte. Entonces comprendo que el contacto de estos
labios no es sólo mío, apenas una ruta que une lo que fue y lo que sigue
siendo.
Es como entrar en un punto
donde convergen todos los tiempos, donde el universo tiembla pero permanece. Un
gesto repetido, una forma secreta de continuidad.
Percibo que sus ojos, de vez
en cuando, se abren para observar mi cercanía; y acaricio su pelo lacio, negro
como un abismo. Pronto abandonaré su boca y comprenderé
que los besos nunca pertenecen solamente a quienes los dan. De alguna manera intuyo que
otros labios, extinguidos mucho tiempo atrás, buscan aún una despedida
imposible.
Los besos prometidos por
aquellos antiguos guerreros, antes de partir, seguramente quedaron silenciados
en el campo de batalla. Quizás a la hora de su muerte imaginaron una
persistencia de la memoria afectiva y, con nostalgia de futuro, dirigieron la
mirada hacia un día lejano, como éste, en el que ella y yo cumplimos, sin
saberlo, con la continuidad de los besos que ellos no pudieron darse.
Nota: La cantante argentina Anahí Rayen Mariluán es una de las voces más representativas de la música mapuche contemporánea. Su propuesta artística combina la recuperación del patrimonio sonoro ancestral con una elaboración musical actual.


Uy que relato tan romántico y da ganas de recibir besos así. Te mando un beso.
ResponderBorrarHola Citu, todo llega y todo pasa, hay que vivir.
BorrarGracias, besos.
Linda e romântica história! Gostei de ler!
ResponderBorrarabraços, chica e ótimo dia!
Gracias chica, que tengas bellos días.
BorrarAbrazos.
Hola Valdo, te has destacado nuevamente con tu relato. Una joya de prosa poetica donde el amor a la tierra y los ancestros se percibe en cada beso que relatas. El video tiene unos paisajes tan bellos que dan ganas de estar allí y la voz de Anahi lleva el sonido ancestral de nuestra tierra.
ResponderBorrarAplausos.
Muy bello tu comentario mariarosa, lo agradezco mucho.
BorrarEs así, nuestra tierra tiene un pasado profundo y un presente que ojalá podamos mejorar.
Abrazos.
Que belleza Valdo. Me transmite una sensación profunda acompañada de la voz melodiosa de la cantante en la forma en que une el amor, la despedida y las raíces, haciendo que cada beso tenga un significado que va mucho más allá del presente. La narración es delicada, evocadora y consigue emocionar sin necesidad de exagerar. Me invita a pensar en los vínculos invisibles que nos unen con nuestro pasado y con las personas que llegan a nuestra vida.
ResponderBorrarUn abrazo
Hola Nuria, gracias por tu detallado comentario, da gusto recibir así a los amigos.
BorrarBrindemos por esos vínculos invisibles que nos unen con nuestros antepasados.
Un abrazo.
Hay mucha poesía y magia en esta linda historia que cuentas, Valdo. El video es hermoso. Un abrazo.
ResponderBorrarGil, estimado amigo, gracias por tu visita.
BorrarAbrazo también
Hola Valdo, que hermoso tu escrito, tiene magia y sentimiento. Ya desde el título es sugerente, y me gusta la idea que insinuas que son otros, antiguos, que a traves de ustedes también se besan y cierran ciclos.
ResponderBorrarUn gran abrazo!
Gracias Soñadora, es muy bello lo que comentás.
BorrarAbrazo retribuído.
Valdo, Anahí va marcando con su voz milenaria y el pandero cada una de tus reflexiones, que según vuelven del olvido se van grabando en la memoria a través de "un presente pemanente" en todo tu escrito...
ResponderBorrarEsa chica del sur, su mirada y su piel son pura metáfora, un libro abierto a través de la cual retornas a tus ancestros...Lo vas leyendo en la profundidad de los besos, que van marcando en tu interior tu origen primigenio, tu instinto, tu intuición, tu amor a la tierra, al fuego y al universo...
Recoges el testigo de aquellos que no pudieron despedirse y sientes su latido, su presencia y su herencia, que permanece en tus venas en tu propio espíritu...Los cánticos rituales de aquellos indios retumban en tu interior eternizándose a través de esos besos...Y tú mismo sigues cantando con toda la fuerza de las letras tu amor y fidelidad a tus ancestros.
Esa lucha entre tus abuelos nativos y abuelos españoles la tenemos todos en nuestro interior...Imagínate que nosotros tenemos ancestros romanos, godos(germanos) y árabes...Una mezcla de culturas, que a veces es difícil de asimilar...
Mi felicitación por recuperar esa memoria ancestral con orgullo, entrega y creatividad...Esa intuición e instinto que viene de la profundidad de la naturaleza, de la infinitud del universo, que tienen la magia y la fuerza de su Creador...permanece en ti y lo comunicas de forma genuina, Valdo.
Mi abrazo entrañable y admirado.
Ma Jesús, estimada, tus comentarios son literatura. Es muy grato leerlos y, claro, me halagan, no solo por los elogios que son de buena amiga, sino también por la dedicada lectura, eso es lo mejor que puede recibir una prosa.
BorrarUn gran abrazo.
Tengo un poema del 2012 en el blog, que se titula: "PLUMA BLANCA", todo un homenaje a vuestros ancestros, que pronto reeditaré...
ResponderBorrarAmiga, en cuanto pueda lo buscaré y leeré, pero sería muy bueno si lo reeditaras así el comentario que deje tendrá más actualidad.
BorrarOtro abrazo.
Esos besos son más que unos labios que se unen, cuando eso sucede todo un mecanismo comienza a funcionar son emociones que retroceden a un pasado, algo dentro de ellos se altera, es como que un tiempo atrás esos dos cuerpos se hubieran conocido y amado tanto que de nuevo ben otros cuerpos se vuelven a encontrar y reconocerse qué el verdadero Amor traspasa cualquier dimensión en el universo.
ResponderBorrarUn abrazo feliz fin de semana.
Hola Campirela, me gustó tu comentario.
BorrarQue tengas lindos días, abrazos.
Te mando un beso.
ResponderBorrarOtro para vos.
BorrarCon tu prosa poética nos trasladas mucho más lejos del presente, a nuestros antepasados y a nuestras raíces de una forma magistral.
ResponderBorrarLo acompañas con una bellísima voz con unos sonidos ancestrales que despiertan los sentidos.
Un lujo, gracias!
Aferradetes, Valdo.
Gracias Paula, muy amable.
BorrarAbrazos.
Me encantó tu relato
ResponderBorrarAbrazos
Gracias gla.
BorrarOtro abrazo.
Un beso de hola y adiós nos llevó a toda tu rememoración, Valdo, hermosa la cantante nativa, un abrazo!
ResponderBorrarGracias maría cristina, otro abrazo para vos.
Borrar“En sus besos descubro raíces antiguas: un murmullo de abuelos, montañas y rituales que me recuerdan de dónde vengo. Cada caricia es un puente entre lo fugaz y lo eterno, entre la despedida y la pertenencia. En su boca siento que no soy sólo yo: vibra una memoria que nos antecede, un latido ancestral que se cumple en este instante.”Que lindooooooooooooooooooooo!!,tu narrativa de prosa poetica es envolvente,magica,asi me sienti leyendo,acaso estuve antes....y mucho antes,en el mismo escenario¿,Blogguer desconoce mi presencia aca,,entonces vi otro comentario por ahi que fue una tromba que me trajo volando,ahora me vot con mis clap-clap.Te mando un abrazo que cruce las montañas y ningun huracan lo atrape!
ResponderBorrarQuerida Menta, buena amiga, gracias, me alegro que de alguna manera te haga viajar hacia otros momentos. Y no te preocupes por blogger, suele andar mal de vez en cuando.
BorrarOtro abrazo va, cálido y duradero.
Una entrada hermosa, llena de profundo simbolismo
ResponderBorrarPaz
Isaac
Gracias Isaac, un abrazo.
BorrarGracias por tu sentido comentario, Valdo. El título original era: Pluma Blanca
ResponderBorrarMe resultó fácil escribirlo en su momento, me metí en el personaje...quizá porque tenía muchas cosas en común...(sonrío) Mi abrazo, amigo.
Ma Jesús, gracias por haber vuelto a publicar ese poema.
BorrarOtro abrazo.
¡Hola! Muy buena historia, gracias por compartirlo. Un abrazo ❤️
ResponderBorrarGracias a vos por leer, Carolina.
BorrarAbrazos.